

Está situada en la ribera este del río
de la Pesquera, cuyo nombre indica claramente su importancia (en otros tiempos
bastaba meter la mano en sus aguas, cerrarla y sacar un puñado de cangrejos).
Pronto se une al río Morón y ambos, poco más allá, aportan su caudal al Duero.
Al este de La Miñosa están Bordejé y Coscurita. Al sur, Frechilla de Almazán (capital del municipio), Balluncar y Cobertelada. Al oeste, Almántiga y Covarrubias. Al norte, Almazán.
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| Puerta de la Villa, Almazán. Y dos miñosinas. |
Su historia se pierde en los brumosos
tiempos en los que no había Historia. Se sabe con certeza que por aquí
estuvieron los arévacos (lo atestiguan sus poblados, cuya ubicación me niego a desvelar)
y, evidentemente, Publio Cornelio Escipión Emiliano y sus legiones romanas que
rápidamente se hicieron con toda la ribera del Duero (Numancia le costó algo
más). La civilización romana borró la mayor parte de lo ibérico (no he visto
rencor en Castilla contra los romanos que nos conquistaron a sangre y fuego, al
fin y al cabo somos también descendientes de ellos, por lo que los
conquistadores fuimos nosotros…); la oscura e interesante época visigoda dio
paso al largo periodo árabe en que el río Duero cobró una gran importancia. Se
erigieron numerosos castillos y torres de vigilancia y se fundaron y fortificaron
ciudades estratégicas: Almazán. Es evidente que eligieron el lugar idóneo:
cerro junto al Duero y
dominando una amplísima comarca, limitada por los Picos de Urbión, el Moncayo,
el Sistema Central… También vivieron estas tierras las correrías de Almanzor. Alfonso
VI las reconquistó en 1098. Por aquí estuvo Rodrigo Díaz de Vivar,
naturalmente. Pero todos aquellos insignes personajes eran visitantes. Entre
los habitantes de las áridas y rojizas tierras del Duero hubo un gran poeta que
escribió “El cantar de Mío Cid” y, aparte de las hazañas
de .Rodrigo
Díaz, describió minuciosamente las comarcas sorianas y más concretamente las bellísimas
Berlanga de Duero y Medinaceli.
Una
vez consolidada la reconquista, las tierras de Almazán adquieren una nueva importancia
estratégica: A un tiro de piedra de La Miñosa está
Se aprecia en
esta imagen tomada de
Google Earth la Cañada Real Soriana Oriental
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| Crescencio |
Recuerdos de La Miñosa
Hubo un tiempo en que de los dos caños de la
fuente de la plaza salían buenos chorros de agua. De allí el agua iba al
cercano lavadero y al pilón donde al atardecer saciaban su sed las numerosas
vacas que volvían de su jornada en la dehesa. El agua continuaba su curso y
terminaba en el abrevadero de las ovejas. Los miñosinos almacenaban en sus
casas varios cántaros llenos de agua y se sentían afortunados por tener la
fuente en la plaza, sus padres tenían que ir a buscarla a la Fuente Vieja y a
lavar la ropa al río.
Cuando yo
aparecí en este mundo acababa de llegar la luz, literalmente, puesto que la
electricidad solamente se utilizaba para iluminación: la única bombilla pública
estaba situada en la esquina de la casa de los abuelos Rafael y Toribia y allí
se reunía todo el pueblo las noches de verano, sentado en el poyo allí
existente.
Casi todos
los habitantes eran labradores. Sus casas, por lo tanto, estaban dispuestas
para ello: tenían salas con sus correspondientes alcobas; pequeños cuartos de
estar con estufa y brasero donde
Entrada por el camino de
Almazán. En primer término estaban las eras

chorizo y lomo, jamones, morcillas, odres de
vino, pan…; otra cocina anexa con horno donde se elaboraba y cocía el pan y
otras viandas; una gran cuadra con los caballos, machos, mulas, vacas y, en
sitio preferente, el burro; una pocilga donde solían estar cerdas parturientas;
un gallinero detrás de la cuadra; un pajar, con acceso a la cuadra; la cámara,
en el piso superior, donde se guardaban los más variados objetos (como, por
ejemplo, las ruecas con las que hilaban la lana) y se almacenaba el grano.
Aparte de las casas donde vivían solían tener otros corrales y cortes con
aposentos para patos, conejos, cerdos; cocheras para guardar carros, arados,
trillos y numerosos aperos.
El trabajo
era muy duro. A la labranza con mula y arado seguía la siembra. Si los pájaros dejaban
algunos granos y llovía a tiempo y no los mataba el pedrisco, llegaba el
momento de la siega, realizada con hoces y
guadañas hasta que llegó el
prodigioso invento de la segadora; las gavillas eran
transportadas en carros a las eras; una vez preparada la parva se procedía al
trillado: una mula tiraba del trillo dando vueltas una y otra
vez hasta desmenuzar completamente las espigas; al atardecer,
cuando una suave brisa ponía fin al bochornoso día, se pasaba al aventado:
armados de horcas, removían la parva arrojando a lo alto la mies y el viento se
| Emilia, Cristina, Patricia y Genara |
¿Cómo podían cargarse en la espalda 100 sacos de 100 kilos y llevarlos
hasta la casa y subirlos por las escaleras hasta la cámara? Muy sencillo: eran sorianos, miñosinos. Ayudaba mucho el desayuno: un par de chorizos grandes, dos torreznos,
dos trozos de lomo adobado, dos huevos fritos, jamón, pan y vino abundantes, un
melón… Solía el abuelo Rafael contratar a uno o dos mozos que le ayudaban en
las interminables tareas de la cosecha, que duraba tres meses: siempre se
portaron muy bien con los niños de la casa; cuando terminaba el trabajo todo
era fiesta y nadie se acordaba de fatigas pasadas o futuras.
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| Gregoria y Marcelino |
A mediados
de septiembre, la víspera de la fiesta de La Miñosa, siempre se seguía un
riguroso protocolo: Mientras las mujeres procedían a enjalbegar el zaguán de la
casa, el abuelo, armado de su escalera, recogía todos los racimos de la
frondosa parra que daba la vuelta a su casa: estaba escarmentado de que los
forasteros que venían a la fiesta se le comieran las uvas. Almacenaba los
racimos colgados y en el suelo de la cámara y había uvas para cuatro meses. El
día de la fiesta se vestían de fiesta. Había misa solemne y el vaquero
habilitaba una cantina en el portal de su casa a base de cajas de botellines,
refrescos y chucherías. Por la tarde había música, momento culminante de la
fiesta, allí acudían los mozos de los pueblos cercanos, atraídos por las mozas
que acompañadas de sus padres y hermanos iban a celebrar la fiesta a casa de
familiares…
Poco a
poco iban sacando al cerdo entre todos hasta tumbarlo en un banco, todo
acompañado de los pavorosos chillidos. Se ponía un caldero bajo el banco y se
le cortaba con un cuchillo la yugular, saliendo al momento un chorro de sangre
que iba llenando el caldero, sangre removida por alguna mujer. Los lamentos del
cerdo eran cada vez más tenues hasta desaparecer. Entonces se colocaba su
cuerpo sobre un montón de paja, se le cubría también de paja y se quemaba,
raspando la piel para eliminar las cerdas.

Matanza en casa del abuelo Rafael
Tomada a finales de 1953 (o principios de 1954), de autor anónimo (de momento). Cortesía de Rosa María Peña y Lourdes Pascual Peña. De izquierda a derecha, Isidro, Rafael, Amarato, Gregorio, Lourdes, Erika, Eliezer, Emilia, María Paz y Manuela; todos rodeando al (pobre) Cerdo.
Seguía un trabajo frenético. Mientras unos limpiaban las tripas, un
experto iba descuartizando el cadáver previamente colgado de una viga. Al
momento se fabricaban los chorizos, las morcillas, los lomos, costillas,
jamones… Todo el año había chorizos y lomos sumergidos en tinajas de aceite,
deliciosos.
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| Posada de Almazán. |
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| Inocenta |
Siempre iban a las fiestas y a las ferias de Almazán. La feria se
desarrollaba en las eras, donde se volvían a encontrar todos los habitantes de
la comarca. Además del comercio de multitud
de caballos, mulas, burros, vacas… la feria se aprovechaba, en otros tiempos,
por ejemplo, para las ejecuciones. Contaba mi abuela Toribia que, siendo moza,
a principios del siglo XX, asistió al ahorcamiento de dos hombres, al parecer
funcionarios del Ayuntamiento…
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| Toribia con sus nietos Roberto, Pilar y Eduardo. |
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| Juliana con varios nietos. |
Había en La Miñosa otros habitantes no menos importantes: en cada casa
varios gatos mantenían a raya a los ratones que trataban de atacar al grano;
perros incansables que igual cazaban codornices, defendían un rebaño que lamían al abuelo Rafael mendigando un hueso; todos los años volvían a su nido en la
arboleda la pareja de cigüeñas miñosinas; en el piso de arriba del palomar
criaban las palomas y en el de abajo las abejas producían miel en sus colmenas;
cuando moría algún animal lo llevaban a un muladar del camino de la Fuente
Vieja y allí acudían buitres de toda la provincia; había zorros, golondrinas,
moscas… colgaban mosqueros del techo y allí se iban pegando hasta que tenían
que cambiarlo por otro… A la luz de la bombilla pública, donde se reunían
todos, acudían mosquitos y otros insectos; el tío Teodoro lanzaba al aire su
boina e invariablemente caía con un murciélago dentro; después de observarlo (a
veces se le “permitía” fumar un cigarrillo…) era liberado y continuaba su
cacería de mosquitos… Cuando cesaba el griterío de los pájaros comenzaba el de
las chicharras, grillos, ranas…
En Almazán se solían celebrar también las bodas. Las fotografías eran raras y caras, por eso las de las bodas son tan entrañables, ahora podemos ver en ellas tantas caras de miñosinos, muchos desaparecidos.
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| Boda de Ángel y Cristina |
La Miñosa, tierra de poetas y copleros

Iglesia de Santa María Magdalena, La Miñosa
Tienen un fino humor, a veces
algo negro:
El tío Francisco
dice al tío Rafael:
en este trocito de
tierra
¡qué bien se estará
después!
Algunas veces mordaces:
El tío Juan sabe lo
suyo:
cuando hay que ir a
trabajar
dice que está muy
malito.
Lo mejor, a descansar.
Otras veces las necesidades de
rima precisaban de alguna licencia poética:
Tiene nombre de
italiano,
por eso se llama
Delfino;
le gusta mucho cantar
y pegarle bien al vino.
También hacían
referencia al progreso:
Desde que llegó el progreso de los tractores
el tío Antonio con el suyo
se marca muchos faroles.
Es de justicia decir
que Antonio con su tractor
trabaja como los buenos.
Y a pactos
secretos:
Entre La Miñosa y Balluncar
han hecho un pacto secreto:
las consignas las ha dado
el bueno del tío Crescencio.
De vez en cuando
el coro cantaba esto:

Y el rapsoda continuaba:
Un buen picapedrero
no se encuentra en todas partes:
preguntádselo a Teodoro,
veréis lo que el mozo sabe.
Y:
-¡Tira de la cuerda ya!
-De la cuerda estoy tirando.
-Pues… ¿Qué le pasa al caldero
que no sube, Severiano?
El coro remataba:
Seguro que hay más coplas. A ver si algún miñosino se acuerda y las
podemos escribir, porque la memoria se pierde y, finalmente, se disuelve…
Algunos no tienen copla: Marcelino, Isidro… Ya no vivían en La Miñosa.
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| Primitiva, Miguel, Crescencio. |
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| Blanca |
EPÍLOGO
Si consultamos en un buscador de Internet “La Miñosa”, al momento aparece en el listado de “pueblos abandonados”. Se ilustran los artículos con fotografías de casas hundidas, tejados destruidos, vigas caídas, ventanas sin cristales, puertas desencajadas, maleza por doquier, desolación… todo ello acompañado de expresiones de pobreza, miseria…
El motivo de estas líneas es, precisamente, rebatir todo lo que se puede
leer sobre La Miñosa. Existe una La Miñosa bonita, próspera y,
fundamentalmente, existimos los muchos miñosinos que nunca la hemos abandonado
y la llevamos y llevaremos siempre en nuestro pensamiento y, por muy lejos que
estemos, siempre acabaremos volviendo. En el siglo XXI no se puede vivir como
en la Edad del Bronce; no solamente no hay agua corriente: hace muchos años que
de la fuente no sale ni una gota de agua. Dado que el Estado se niega rotunda y
contumazmente a llevar el agua a La Miñosa, hago un llamamiento a estas O.N.G.
cuya labor es llevar el agua a recónditos poblados africanos a que hagan lo
propio en La Miñosa: el presupuesto sería muy escaso, bastaría sanear la Fuente
Vieja y reparar la tubería existente o cambiarla por otra, de un kilómetro.
Estoy seguro de que Balluncar le cedería parte de la extraordinaria agua que le
sobra.
Agradecimientos
A Blanca. A Lourdes. A Rosa María. A
Crescencio. A Teodoro. A Primitiva. A Natalia. A Cristina… A todos los miñosinos.
A Emilia Peña Rupérez, que hoy cumple sus
primeros 90 años. ¡Felicidades!
A los sorianos.
A todos os dedico este soneto palindrómico:
A Soria
Oí rodar odre, canoro
son;
allí víveres dio, seta
se da
sopera y allí vergel
arará;
pon asado a leños; oré
pie, ron.
Asoma, rara cañada,
portón;
la onagra de dehesa
pacerá;
arenal: no se mete vaca,
¡ja!;
ve una nueva jaca, vete
mesón.
Lanera, aré, ¡ca!; pase
he de dar, gano;
alno tropa daña cara
ramosa;
no reí, pero soñé la oda
sano.
Parar, alegre villa ya reposa;
desates; oíd, seré; viví
llano
soro, nacer dorado río,
¡airosa!





























